Genghis Khan conquistó y gobernó el mayor imperio de la historia de la humanidad. Sus batallas son tan familiares como desconocida su verdadera personalidad. Pero el gran desafío de historiadores y arqueólogos es encontrar su tumba, un lugar sagrado y secreto donde fue enterrado hace ochocientos años. Por Fernando González Sitges

Enterraban a su caudillo, al más poderoso de entre ellos. Él los había unificado, había creado un imperio allí donde antes vagaban hordas de hermanos que se mataban entre sí… Para muchos mongoles, guerreros despiadados pero tremen-damente supersticiosos, era un ser invencible, sobre-natural, eterno.

Pero la muerte del Gran ‘Khan ‘les había devuelto a la realidad. Genghis Khan había fallecido a los 65 años manteniendo su poder, su magnetismo y su fuerza hasta su último aliento. Ahora solo quedaba enterrarlo.

Huestes de guerreros afligidos llevaron el cuerpo de su caudillo a la tierra que lo vio nacer, el lugar más sagrado del vasto imperio mongol. Allí buscaron un lugar escondido donde poder darle descanso eterno, un lugar que nadie pudiera encontrar jamás. Cuenta la leyenda que c. Luego, la tumba fue pisoteada por más de mil caballos para su compactación. Y para que ningún mongol pudiera contar dónde se encontraba la tumba se mandó a un grupo de guerreros para que degollaran a todos los que habían participado en el entierro. También estos soldados fueron pasados a cuchillo a la vuelta de su misión. Y la tumba desapareció para siempre convirtiéndose en uno de los objetivos más deseados de la arqueología mundial.

Para asegurar que su sepultura fuera secreta, quienes lo enterraron fueron degollados por soldados enviados a la zona. Estos, a su vuelta, también fueron asesinados

Durante años, diferentes expediciones han buscado, inútilmente, la tumba de Genghis Khan. Recién estrenado el siglo XXI, un equipo de la Universidad de Chicago emprendió la Expedición Geohistórica Genghis Khan. Seguían las indicaciones de unos antiguos escritos donde se describía la localización de la tumba con todo lujo de detalles y determinaron el poblado de Batshireet como lugar de ubicación de la tumba. Pero, cuando fueron a excavar, el Gobierno de Mongolia les denegó el permiso. La minería ilegal llevaba años haciendo auténticos destrozos en lugares de interés histórico, religioso y cultural, pero las creencias del pueblo mongol siguen fieles a sí mismas: las tumbas de los mongoles no se remueven; así era en tiempos del khan y así sigue siendo hoy en día.

Genghis Khan fue el emperador de los mongoles en el siglo XIII y con sus legendarias conquistas marcó la evolución política de Asia hasta nuestros días

A pesar de la cantidad de información que existe sobre las campañas militares de Genghis Khan, poco se sabe del paradero de su tumba y de su verdadera personalidad. Para muchos fue un tirano bárbaro y sanguinario. Para otros, un estadista, filósofo y genio militar. De hecho, ambas versiones podrían ser reales. Genghis Khan, cuyo nombre de pila era Temujin, ‘el mejor acero’, fue el fundador del primer imperio mongol, el mayor imperio de la historia, que se extendía a lo largo de 34 millones de kilómetros cuadrados. Semejante gesta tuvo un precio: murieron unos 40 millones de personas. Así que Genghis Khan y su ejército fueron, sin duda, sanguinarios. Ahora bien, lejos de ser un bárbaro despiadado, muchos consideran a Temujin un hábil estratega que introdujo la escritura en su pueblo e instauró un código legal.

La leyenda surge ya desde su nacimiento, en 1162. Aristócrata en una sociedad feudal y brutal, era hijo y nieto de nobles mongoles. Su padre fue asesinado por los tártaros cuando él tenía diez años y su madre y sus seis hermanos sufrieron todo tipo de penurias y persecuciones. Fueron su fortaleza y su personalidad las que lograron reunir en torno a él a jóvenes y renegados de otros clanes hasta afianzar un cierto poder militar. El rapto de su primera mujer, Borte, por un clan merkita y la guerra para recuperarla es el origen del mito, pero necesitó veinte años de batallas para lograr que las decenas de clanes (yurchen, merkitas, tártaros, iugures…) se uniesen bajo su mando. En 1206 logró que todas las tribus pasasen a denominarse mongoles y adoptó el nombre de Genghis Khan (genghis significa ‘océano’, un ‘jefe’; khan, tan grande como el océano). Fue entonces cuando dedicó esfuerzos a la educación del pueblo… y a su salud, que confió a sabios chinos.

Genghis Khan luchando TPG182357 Or.2780 fol.49 v. Genghis Khan (1206-27) Fighting a Battle in a Mountain Pass (ink on vellum) by Chinese School British Museum, London, UK/Bridgeman Art Library TPG182357

Pero Temujin era un hombre de guerra y su pueblo, también. De hecho, pronto comprendió que la única forma de mantener unidos a todos los clanes era seguir luchando. Pronto emprendió la conquista de China. Logró llegar a Pekín en 1214, aunque el dominio total del gigante asiático no llegaría hasta los tiempos de su nieto Kublai. Luego, la emprendió con los musulmanes y, hacia 1223, ya había conquistado Asia Central, Persia y Afganistán.

Genghis Khan murió en 1227 mientras sitiaba una ciudad china, aunque la causa no está clara. La oficial dice que murió tras caer de un caballo; otra, que fue el tifus lo que acabó con su vida. Eso también pasó a formar parte del misterio añadido a su enterramiento. Incluso Marco Polo, que sirvió durante 17 años al Kublai Khan, su nieto, comentó en sus escritos que los mongoles desconocían ya entonces el paradero de la tumba del Gran Khan.

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Genghis Khan ha sido descrito y retratado como feroz guerrero y como estadista y filósofo. Los datos no dejan duda de lo primero: unió por las armas China, Turquía, Turquestán, Irán, Irak y parte de Rusia. Lo segundo deriva de su personalidad, su persuasión y su capacidad organizativa.

Diez años después de la última expedición arqueológica en busca de su enterramiento, un norteamericano de ascendencia china ha retomado la búsqueda aprendiendo de los errores de expediciones anteriores. Albert Yu-Min Lin, arqueólogo de la Universidad de California, ha decidido hacerlo sin excavar un solo centímetro de la tierra sagrada de los mongoles. Para ello ha utilizado las últimas tecnologías no invasivas que permiten explorar los restos arqueológicos desde el espacio. Auspiciado por la National Geographic Society y con la ayuda de un satélite de nueva generación, Lin escudriña desde el espacio una vasta superficie del área donde presumiblemente se encuentra la tumba de Temujin. El satélite localiza anomalías en superficie que puedan indicar restos arqueológicos. Entonces, los radares de penetración terrestre escanean el área detectada y los sensores envían los datos a la central, donde potentes ordenadores los procesan para convertirlos en imágenes tridimensionales.

¿Bastarán esas imágenes para encontrar una tumba tanto tiempo deseada? Aún falta mucha investigación informática antes de perturbar la paz eterna del más poderoso caudillo que haya tenido Asia. Una decisión que implica desafiar las históricas supersticiones mongolas. Si se hace caso de ellas, no es nada conveniente encontrarla: abrirla conllevará todo tipo de males para quienes osen hacerlo y desencadenará la ira del Gran Khan y, con ella, el fin del mundo.

Descendientes del “Khan”

Mongolian woman in traditional clothing. Mongolia. Uvs Aimag. Mongolia

Una investigación en 2003 probó que el ocho por ciento de la población que vive hoy en los territorios que conquistó Genghis Khan, unos 16 millones de personas, comparte con él un cromosoma. Teniendo en cuenta que tuvo 36 esposas y cientos de concubinas, su descendencia directa fue, sin duda, muy numerosa. Además, aniquilaba a todos los jóvenes guerreros rivales, así que él o sus familiares solían tener descendencia con las mujeres que quedaban.

La guerra del terror

Mongoles, guerreros

Los mongoles eran un pueblo guerrero con grandes jinetes que disparaban flechas que atravesaban armaduras, pero Genghis Khan añadió estrategia, logística y, lo más importante, espionaje. Jamás iniciaba una campaña sin tener toda la información sobre su enemigo. Usó también la guerra psicológica. Ordenó ejecutar grandes matanzas ante sus enemigos para atemorizarlos. El ejército mongol fue también el primero en emplear armas bacteriológicas al utilizar a los muertos por peste bubónica como proyectiles, a los que lanzaba sobre las murallas de las ciudades sitiadas.