Schönbein sólo quería secar su cocina; Fleming, desinfectar sus probetas y Dalton, saber qué le ocurría a sus ojos. Pero el resultado fue distinto de lo que esperaban. El alemán descubrió la nitrocelulosa, y los ingleses, la penicilina y el daltonismo. Pero todo fue fruto del azar. Por Daniel Méndez

La historia de la ciencia está llena de inesperados episodios en los que las investigaciones adoptan un camino sorprendente. Son golpes de suerte de los cuales han surgido algunos de los grandes descubrimientos que han cambiado nuestra vida.

Wilhelm Conrad Röntgen y los rayos X

A finales del siglo XIX, tras descubrirse las radiaciones electromagnéticas, muchos investigadores comenzaron a bucear en sus recovecos. Al alemán Röntgen las que le interesaban eran las catódicas. En su laboratorio, en una oscuridad absoluta, estudiaba sus características y su trayectoria en el vacío.

“¡Pero si eres todo huesos!”

Un día vio, por un momento, una luz que parpadeaba en la pared. «Imposible», pensó. Tras comprobar que no había resquicio alguno en la habitación, dedujo que el haz provenía de su experimento: un rayo de luz invisible había rebotado en el interior del tubo con el que trabajaba y se había reflejado en una tarjeta de material fosforescente. Pero la sorpresa aún estaba por llegar.

Una de las primeras radiografias realizadas por Wilhelm Conrad Rontgen Hand of an eight year old girl, 1896. A photogravure taken from the original x-ray. In 1895, as Professor of Physics at the University of Wurzburg, Wilhelm Conrad Rontgen was experimenting with a Crookes' radiometer (cathode ray tubes), invented in 1875. He noticed that when cathode rays struck the end of a discharge tube, rays of a new kind were emitted, capable of penetrating matter. On 22 December 1895 he took the first x-ray, an image of the ringed hand of his wife Bertha. He was awarded the first Nobel Prize for physics in 1901. Hand of an eight year old girl, 1896.

U

La mujer de Röntgen probó el invento. Su mano recibió la primera radiografía. Por el descubrimiento de estas radiaciones recibió el premio Nobel de Física en 1901.

Comprobó qué ocurría si colocaba un naipe en la trayectoria del rayo. Nada. Probó con la baraja. Tampoco. Entonces cogió una lámina de plomo. Y esta vez sí ocurrió algo: a través de ella podía ver los huesos de la mano de su mujer, que aguantó horrorizada las sesiones de Rayos X a las que le sometió las semanas siguientes.

John Dalton y el daltonismo: el hombre que veía flores azules

John Dalton (1766-1844) chimiste anglais (theorie atomique) gravure --- John Dalton (1766-1844) english chemist, engraving *** Local Caption *** John Dalton (1766-1844) english chemist, engraving

Fue el primero en calcular las masas atómicas de los elementos, pero su fama se la debe a su mal: el daltonismo.

Las contribuciones a la ciencia de este químico y físico británico fueron múltiples. Sin embargo, su apellido ha pasado a la historia para definir un defecto visual que él mismo tenía. En 1792 se percató de que algo anómalo ocurría con su percepción del color: un geranio que durante un día había visto de color celeste (era rosa) le pareció rojo a la luz de las velas. Para averiguar qué había pasado, convocó a unos amigos y, como Dalton esperaba, todos afirmaron que el tono de las flores no variaba. Todos menos uno, su hermano. En aquel momento se convenció de que algo fallaba en su vista y de que, fuera lo que fuera, se trataba de un mal congénito.

Sus ojos se diseccionaron en 1884 para confirmar su teoría, pero, al principio no se halló nada anormal.

Para explicarlo, estableció la teoría de que su humor vítreo (la sustancia gelatinosa que deja pasar la luz a la retina) era de color azul y ejercía como filtro que deformaba los colores. Entonces decidió legar su cuerpo a la ciencia para que su ayudante diseccionara sus ojos a su muerte y comprobase si estaba en lo cierto. Dalton murió en 1844 y Joseph Ransome siguió sus instrucciones, pero no halló nada anormal. En 1995, un grupo de fisiólogos de Cambridge rescató esos ojos para establecer el diagnóstico definitivo: Dalton era deutérope, lo que le impedía procesar correctamente las longitudes de onda intermedia y percibir correctamente el rojo y el verde. En dos palabras: era daltónico.

Henri Becquerel y la radioactividad: la culpa fue de un día nublado

Marie Curie (1867-1935) Polish-born French physicist who, with her husband Pierre (1859-1906), centre, carried out research on radioactivity and shared the Nobel prize for physics with him and with Henri Becquerel in 1903

Su trabajo sobre la radioactividad le hizo ganar el Nobel de Física en 1903. Lo compartió con Pierre y Marie Curie.

Sólo un año después de que Röntgen hallara sus rayos X, Henri Becquerel ya jugaba con ellos en su laboratorio de París. Uno de sus experimentos consistió en poner una cruz de cobre sobre una placa fotográfica y cubrirlo todo con papel negro y un cristal fosforescente compuesto de uranio. El objetivo era repetir el hallazgo de Röntgen, pero a la inversa. Si él había descubierto los rayos X al producirse un rayo secundario de la luz invisible, Becquerel quería investigar las cualidades de una radiación secundaria de la luz visible como el sol. Para ello necesitaba someter su experimento a la radiación solar. Pero esos días París amaneció cubierto, de modo que el científico guardó su experimento en un cajón. A los pocos días, cansado de esperar, decidió revelar la placa fotográfica para ver qué había ocurrido.

Sin saberlo, Becquerel acababa de descubrir la fuente de energía conocida más potente

Contra todo pronóstico, la cruz de cobre había dejado su huella en el papel fotográfico con tanta intensidad como si se hubiese expuesto a la luz solar. Becquerel pensó que las responsables debían de ser las radiaciones del uranio. Para comprobarlo, se puso a investigar con otros compuestos de este mineral, hasta que dio, en 1896, con uno que multiplicaba sus efectos: la petchblenda. Todo quedó aquí, pero, sin saberlo, Becquerel había hallado la radiactividad, la fuente de energía conocida más potente, que fue bautizada así en 1898 por el matrimonio Curie.

Willard Libby y el carbono 14: ¿Datar un pingüino? al horno con él

Gala pour la remise du prix Nobel a Stockholm le 10 decembre 1960 : Mme Willard Frank Libby, Willard Frank Libby (prix Nobel de chimie), Mme Donald Arthur Glaser et Donald Arthur Glaser (prix Nobel de physique), le roi Gustave VI Adolphe de Suede Neg:66706PL --- Gala for Nobel prize in Stockholm december 10, 1960 : Mrs Willard Frank Libby, Willard Frank Libby (chemistry Nobel prize), Mrs Donald Arthur Glaser and Donald Arthur Glaser (physics) and king Gustave VI Adolphe of Sweden *** Local Caption *** Gala for Nobel prize in Stockholm december 10, 1960 : Mrs Willard Frank Libby, Willard Frank Libby (chemistry Nobel prize), Mrs Donald Arthur Glaser and Donald Arthur Glaser (physics) and king Gustave VI Adolphe of SwedenEl método de datación con el isótopo radioativo carbono 14 hizo que Libby ganase el Nobel de Química en 1960.

Chicago. Años 50. Sala de reuniones de laboratorio Koshlad. Un grupo de investigadores discute sobre el problema que les plantea Willard Libby y que necesita resolver para demostrar la validez de su teoría de la datación por medio del carbono 14. Para comprobar que efectivamente puede averiguar a qué época se remonta cualquier resto, necesita comparar los datos con muestras modernas de composición de carbono. La frustrante lluvia de ideas de esa reunión se centra en un pingüino traído de la Antártida para las investigaciones de Libby, al que necesitan extraer muestras de carbono. Pero ¿cómo?

Su mujer le aportó la solución: asa los objetos, recoge el resultado y oxídalo para obtener su CO2

La reunión no ofrece resultados, pero, una vez en casa, su mujer le da la solución: si lo asa al horno y recoge la grasa que el animal suelte, podrá oxidarla posteriormente para obtener de ella el ansiado CO2. Así fue como el asado de pingüino de Libby, que nadie probó nunca, entró a formar parte en el desarrollo de la técnica que ha revolucionado la arqueología.

C. Schönbein y la nitrocelulosa: estaba en casa y organizó la gorda

CHRISTIAN F. SCHONBEIN (1799-1868). German chemist. Oil on canvas by H. Beltz.Además de nitrocelulosa, Shönbein descubrió el ozono (O2), que forma la capa protectora de la Tierra.

La cocina doméstica se ha visto mezclada en más de una ocasión con los avances científicos. El químico alemán Christian Schönbein nunca tenía suficiente con los estrictos horarios de los laboratorios de la Universidad de Basilea (Suiza), que cerraban a la hora del almuerzo. Por eso era frecuente que durante esas horas de comida continuase con las investigaciones en su domicilio. Corría el año 1846, y un matraz que contenía una mezcla de ácido sulfúrico y nítrico se rompió. La corrosiva combinación cayó sobre la encimera de su cocina y Schönbein se apresuró a recoger el líquido utilizando un delantal de algodón.

Al poco tiempo hubo un estallido sin nada de humo. Cuando se acercó, vio que el delantal había ‘volado’

Aún no era consciente de ello, pero acababa de mezclar los ácidos sulfúrico y nítrico con la celulosa del algodón, los tres ingredientes de la nitrocelulosa, un poderoso explosivo. Pero bien pronto se dio cuenta del poder de la mezcla. Una vez absorbida la sustancia, aclaró el delantal con agua y lo puso a secar sobre la estufa. Al poco tiempo hubo un fuerte estallido, sin nada de humo, y cuando se acercó a ver qué había ocurrido, el delantal había desaparecido por completo. Había desarrollado un potente explosivo que también se conoce como algodón pólvora. Treinta años después del hallazgo, el sueco Alfred Nobel, famoso hoy por los premios que llevan su apellido, patentó un derivado del explosivo descubierto por Schönbein: la dinamita.

Alexander Fleming y la penicilina: esos tubos olvidados llenos de moho

Sir Alexander Fleming, (6 August 1881 – 11 March 1955) was a Scottish biologist, pharmacologist and botanist who discovered Penicillin

En 1938 compartió el Nobel de Medicina con Howard Florey y Ernst Chain, pero no se creía merecedor de él.

Fleming no se caraterizaba por su pulcritud en el laboratorio. Afortunadamente, porque gracias a ello realizó sus dos grandes descubrimientos: la lisozima, un antiséptico presente en las lágrimas, y la penicilina, la base de la mayoría de los antibióticos actuales. El británico conservaba sus cultivos sobre su mesa hasta que la invasión de tubos no le permitía seguir investigando. Sólo entonces se deshacía de ellos. Pero antes los estudiaba para ver si se había producido algún fenómeno digno de atención.

Si un hongo había ‘neutralizado’ a los estafilococos, entonces -¡bingo!- podía acabar con las bacterias.

El de consecuencias más relebantes ocurrió en 1928, cuando investigaba las bacterias estafilococos y uno de los cultivos se contaminó de forma accidental por un hongo que posteriormente fue identificado como Penicillium rubrum. su meticulosidad lo llevó a observar el comportamiento del cultivo y comprobó que alrededor de la zona inicial de contaminación, los estafiococos se habían vuelto transparentes, lo que interpretó correctamente como efecto de una sustancia antibacteriana segregada por el hongo. Una vez aislado, Fleming lo probó con una amplia gama de bacterias y observó que muchas resultaban destruidas. Así fue como, por casualidad, realizó el hallazgo médico más relevante del siglo XX.

PARA SABER MÁS

Eurekas y euforias. La ciencia a través de sus anécdotas. Walter Gratzer. Ed. Crítica, 200